Entrevistamos a Adrià Rabadà,  Presidente de Castell d’Or y de la Bodega Cooperativa de Vila-rodona sobre una vendimia que quedará marcada por ser complicada y atípica. También nos acerca los retos de futuro del Grupo que acaba de trasladarse al municipio de Vila-rodona.

Adrià Rabadà, president de Castell dOr

¿Qué valoración hace de esta vendimia?

Cada vendimia es diferente pero tan especial como ésta no la habíamos vivido. Ha sido especial por dos motivos: la Covid-19 que ha afectado a las bodegas y el trabajo a la viña. En las bodegas, hemos tenido que establecer protocolos y modificar un poco nuestra manera de trabajar. También ha afectado las ventas como sector. Por otro lado, en las viñas el hongo del Mildiu que ha atacado las plantas, ha sido un ciclo de cultivo muy complicado para sacarlo adelante, lo hemos luchado tanto cómo hemos podido. Gracias a tener una profesionalización y mediante la mecanización y modernización de la vendimia lo hemos podido luchar al máximo. Igualmente, los agricultores sí que lo han sufrido, especialmente los que hacen producción ecológica, un 35% de nuestros asociados. Estos hechos han dado como resultado, una vendimia más disminuida. Aun así, la calidad del producto ha sido muy buena. La parte positiva es que si el Mildiu afecta una parte, esta se seca pero el resto de uva no afectada continúa su proceso con normalidad. Las graduaciones han sido muy correctas, con buenas acideces, los rendimientos óptimos y un buen nivel sanitario.

¿Qué destacaría de la manera de afrontar la situación de los campesinos que forman parte de la cooperativa?

Ha sido y está siendo difícil, estos meses han sido una montaña de emociones, la parte positiva que tenemos los agricultores es que somos duros… tenemos esta pasión, un amor de verdad por la tierra. El sufrimiento viene porque queremos  las plantas y verlas en esta situación nos rompe el corazón. Una vez has hecho todo lo que puedes, ves que un hongo puede más que tú y eso no es fácil de encajar y la consecuencia económica que se deriva tampoco. También hay que destacar que Castell d’Or lo formamos 13 bodegas cooperativas y la afectación no ha sido igual para todos. Pero, pondremos todo el esfuerzo para hacer que el año que viene sea mejor. Nosotros no bajaremos los brazos y desde la Cooperativa, Cevipe y Castell d’Or se hará como siempre lo máximo posible para conseguir los mejores precios de liquidación posibles y establecer medidas para acompañar y ayudar en los momentos difíciles.

 ¿Cómo han funcionado las medidas de seguridad y prevención ante la Covid-19?

Hemos sido muy estrictos. Sobre todo en época de vendimia. Quiero agradecer el esfuerzo de los socios de las cooperativas porque todo el mundo se ha comportado y han mantenido el protocolo para que todo funcionara de manera correcta. Es pesado trabajar ocho horas en la bodega con la mascarilla pero lo han hecho. También la desinfección y otras medidas de prevención, no ha habido ningún problema. No hemos tenido ningún susto y todo ha ido bien. Ha ayudado el hecho de tener una gran parte de la vendimia mecanizada y que no hubiera tanto contacto entre personas a la hora de vendimiar.

¿Qué previsión hay de cara al segundo semestre de 2020?
Creemos que se percibe cierta recuperación y queremos ser positivos. Dentro de la afectación del Covid, somos optimistas pero no ajenos a los problemas que ha tenido todo el sector pero esperamos que la afectación sea la mínima posible. Nuestro mercado está enfocado en un 90% al exterior y esto hace que en muchos países la afectación no ha sido tan notable. La diversificación de nuestros mercados nos ha ayudado porque hay países donde la afectación ha sido más exigua y el consumo se ha resentido menos.

 Qué objetivos estratégicos se plantea Castell de Oro por el año 2021?

Consolidar el crecimiento exponencial que tenemos, abrir nuevo mercado nacional y también impulsar la planta de Vila-rodona con las nuevas instalaciones pero también con nuevos retos para la de la Espluga y la de l’Arboç. También renovar la imagen de Castell d’Or y darla a conocer a restauradores y canales. Como estrategia continuará siendo la calidad, la proximidad y nuestra faceta social. Somos una empresa que lleva directamente el fruto de las viñas de sus socios, a la mesa de los consumidores, después de unos cuidadosos procesos de elaboración tanto en la bodega como en la cava. Tenemos la capacidad de seleccionar el mejor producto. De los 60 millones de kilogramos de uva que recogemos, Castell d’Or escoge los mejores mostos y vinos para la elaboración de sus vinos y cavas, y nuestros clientes siempre lo han destacado. La apuesta de nuestra empresa es indiscutible por la calidad.

Castell d’Or recibió ocho medallas al Concurso Mundial de Bruselas, ¿qué supone un reconocimiento de este nivel por el grupo?

Es un orgullo, es el reflejo del esfuerzo y dar valor a todo el trabajo que hay detrás de cada botella. Es mérito de todos, de los viticultores, los enólogos, el personal de la bodega, de las plantas embotelladoras y también de todo el personal de oficinas.

¿Qué supone la llegada de Castell d’Or a Vila-rodona?

Es un momento muy esperado e importante, nos permitirá sumar esfuerzos y sinergias con la principal planta productora del grupo, Vila-rodona. Podremos unificar procesos de producción y mejorar algunos aspectos organizativos, también mejorar muchos aspectos productivos y económicos. El nuevo edificio de oficinas también nos aportará una imagen, capacidad de trabajo y de atender a los clientes,  totalmente diferentes y adecuada a la empresa en la que nos hemos convertido con el crecimiento continuado que llevamos desde nuestra creación. También esperamos aportar valor en el territorio, la mayoría de gente que trabaja es gente del pueblo. Hemos podido incorporar unas veinte personas en los últimos meses y somos motor de empleo en un entorno rural y es otra cosa de la que podemos estar orgullosos.